lunes, 3 de mayo de 2010

Sobre la dieta mediterránea...

Acababa de finalizar la segunda Guerra mundial cuando los soldados norteamericanos vivieron un nuevo conflicto bélico, la guerra de Corea. Hay que situarse en aquellos momentos de la postguerra mundial; ¡hambre!, sobre todo, ¡hambre!

En ese momento los jóvenes norteamericanos eran los que mejor comían, no pasaban penalidades y, consecuentemente debían estar sanos. Sin embargo, las autopsias que se hicieron a aquellos jóvenes soldados sorprendieron a los médicos norteamericanos; sus arterias estaban amarillas, inelásticas y más apropiadas de ancianos que de jóvenes saludables. ¿Qué estaba pasando con la juventud de USA?


Un fisiólogo estadounidense, Ancel Keys revisó unos escritos realizados gracias a una beca de la Fundación Rockfeller por otro investigador, Leland Allbaugh a finales de 1948. En estos documentos se revisaba una dieta estudiada en la isla de Creta comparándola con la de Grecia y USA. Lo que chocó a Keys es el hecho de que hubiera grandes diferencias dietéticas con la de los jóvenes norteamericanos y que los que estuvieran más sanos fueran los cretenses. En años posteriores, desarrolló una teoría llamada “mediterranean way”, manera mediterránea que posteriormente pasó a llamarse coloquialmente “dieta mediterránea”.

Conceptos a tener en cuenta

1) Esta dieta se estudió, inicialmente, en una isla con un estilo de vida muy activo físicamente (por la escasa mecanización del agro) y frugal (la comida estaba bastante racionada), con una ingestión predominante de productos vegetales y reducida en productos de origen animal.
2) La comparación se estableció con una dieta rica en grasas saturadas en una población sedentaria (USA) gracias a la mecanización del campo, la utilización de gruas y sistemas mecánicos sustituyendo el trabajo de descarga en puertos y construcción y el establecimiento de una cultura ciudadana de oficinas.
3) Lo que se llamó vía mediterránea era todo un estilo de vida, no solo una dieta.


Y llegó la manipulación dando entrada a la dieta mediterránea en la cual cada industria encontró una justificación para incluir su producto (el vino, el aceite de oliva etc etc). Posteriormente la gran presión de la industria ha dado lugar a decenas de investigaciones sobre las ventajas de cada uno de los supuestos ingredientes de esa “dieta mediterránea”. Llega uno a tener la impresión de que sin tomar vino, legumbres, aceite de oliva y demás, no puede estar sano.

Establezcamos una pequeña comparación entre un cazador recolector de hace cuarenta mil años y un habitante de Creta de los años 50. Ambos tenían un gran gasto calórico, una ingesta frugal basada en pescado (fuente de ácido docosahexaenoico), legumbres, verduras silvestres y pan moreno (alimentos ricos en fibra), uvas (ricas en antioxidantes), huevos y frutos secos, caracoles y moluscos. En definitiva, los cretenses en los años 50 eran bastante parecidos a cazadores y recolectores (nuestro auténtico origen metabólico). Pero para eso no hacía falta irse a Creta, los inuit, los bosquimanos, los pigmeos etc etc, es decir, los actuales cazadores y recolectores no conocen la cardiopatía isquémica, ni la diabetes del adulto, ni la hipertensión etc etc

¡Vaya! Quizás lo que habría que recomendar a la hora de tomar una dieta mediterránea en un restaurante, es ir corriendo hasta la mesa (con al menos una hora o más de actividad física), tomar caracoles, pescado salvaje, verduras y uva. Todo ello muy frugalmente (nada de dos platos colmados, postre, café y un puro regado, todo ello con un buen vino). Con esa recomendación se le acabaría el reclamo a toda una industria irreflexiva y manipuladora.

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